¿Error humano o error sistémico?

16 07 2009

Hospital Hregorio MarañónAsistimos con perplejidad durante estos días a la noticia de la muerte del pequeño Ryan en el hospital Gregorio Marañón de Madrid, donde permanecía ingresado desde su nacimiento el pasado 29 de junio.

Ryan era un bebé prematuro nacido por cesárea a las 28 semanas de gestación, tan sólo varias horas antes de que su madre, Dalila Mimoumi, se convirtiera en la primera víctima mortal de la gripe A en España, tras peregrinar tres veces por los servicios sanitarios madrileños hasta que finalmente fue ingresada en la UCI del Hospital Gregorio Marañón de Madrid. Su hijo, Ryan, falleció también el pasado 13 de julio, no de gripe A, como podría esperarse, sino tras recibir alimentación por vía intravenosa, en lugar de nasogástrica.

La investigación judicial deberá determinar lo ocurrido y establecer las responsabilidades civiles y penales oportunas, pero parece muy difícil explicar cómo pudo cometerse un error tan grave. En muchos hospitales españoles los tubos están perfectamente diferenciados con colores u otros elementos identificativos, precisamente para no cometer este tipo de fallos fatales. En algunos países europeos, además, los catéteres que se usan para administrar medicación y alimentación son incompatibles entre sí, lo que evita errores como el ocurrido con Ryan. ¿Cómo es posible que precauciones tan elementales no estén protocolizadas y sean de obligatorio cumplimiento en todas las unidades de neonatos de cualquier hospital del país?

Las muertes de Dalila y del pequeño Ryan exigen muchas explicaciones y, sobre todo, dejan al descubierto las debilidades de nuestro sistema sanitario. La profesión sanitaria en España es víctima diariamente de una gran presión asistencial, movilidad interna forzosa, plantillas reducidas, condiciones de trabajo bajo mínimos y fuga de profesionales hacia los nuevos hospitales y hacia otros países. El caso del pequeño Ryan no parece únicamente atribuible a un error humano, sino al triste resultado de graves deficiencias de organización hospitalaria, escasez de medios, falta de protocolos de actuación claros y saturación de trabajo.

Ante este tipo de situaciones, los medios de comunicación no deben simplemente informar de los acontecimientos, sino también sobre las circunstancias y las causas que han hecho que una situación así sea posible. Cargar las tintas contra la persona o las personas que cometieron el error médico no sería suficiente ni tampoco justo. Los medios deben informar pero también denunciar situaciones anómalas. Posiblemente tanto Dalila como su bebé Ryan murieron en circunstancias en las que se produjeron fallos de organización en el sistema sanitario. Como ellos, otras 508 personas fallecieron el año pasado por presunta negligencia médica, según datos de la asociación El Defensor del Paciente. Simplemente, estas muertes se pueden y se deben evitar.





De faldas, cofias, delantales y otras imposiciones reales y simbólicas

13 12 2008

Uniforme Enfermera, Dibujo publicado por juanrojo el 10 abril de 2008 en LaComunidad

El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) ha desestimado una demanda contra las Clínicas Pascual en relación a la obligación para las enfermeras y auxiliares de enfermería de usar un uniforme formado por falda, cofia, delantal y medias, al considerar que no supone discriminación por razón de sexo ni constituye un problema en materia de salud laboral. El Tribunal andaluz afirma en su sentencia que dicha imposición responde a “consideraciones organizativas con la finalidad de dar a la clientela una buena imagen de la empresa”.

 

El tribunal avala así la conducta de la clínica gaditana San Rafael que redujo en 30 euros el sueldo de las enfermeras que usaron pantalón sanitario en vez del uniforme reglamentario con falda, delantal, cofia y medias.

 

Al parecer, la dirección de la clínica argumenta que el uniforme con falda obedece a la necesidad de dar buena imagen de la clínica, de dónde se infiere que una enfermera sólo puede dar buena imagen con falda, es decir, mostrando parte de su cuerpo y ofreciendo una imagen servicial con cofia y delantal, lo cual es intrínsecamente discriminatorio y atenta directamente contra la dignidad de estas mujeres, pues a estas enfermeras se les imponen consideraciones estéticas por el sólo hecho de ser mujeres y se anteponen criterios estéticos y de imagen por encima de los de eficiencia profesional y seguridad laboral para las trabajadoras.

 

Si el uso de la falda realmente diera a la clientela una buena imagen de la empresa (afirmación, por otra parte, bastante cuestionable), entonces todo el personal, hombres y mujeres, tendría que usar falda.

 

Se trata de un sexismo simbólico con repercusiones reales. Se impone el uso de ciertos elementos distintivos que confieren un estatus diferente a hombres y a mujeres. A pesar de desempeñar el mismo trabajo y tener las mismas responsabilidades, las mujeres están obligadas a usar esos elementos diferenciales, porque tienen una función simbólica: les confieren ciertos atributos construidos socialmente (abnegación, vocación de servicio, docilidad, obediencia, subordinación).

 

Como argumenta el presidente del colegio de enfermería de Cádiz, Rafael Campos en declaraciones al diario Público, “un uniforme no puede ser identificativo de papeles sociales ni culturales, ni de modelos ancestrales, sexistas y trasnochados para la mujer”.

 

Aunque pueda parecerlo, no es una cuestión banal. Como en la mayoría de ocasiones, se trata de un problema de poder.

 

Por si había alguna duda, la Sala que ha dictado la sentencia está compuesta exclusivamente por magistrados y, por lo que parece, no especialmente comprometidos con la defensa de derechos fundamentales como la igualdad y la no discriminación.

 

 





La crisis económica y la socorrida metáfora de la enfermedad

7 11 2008

 

Desde que estalló la crisis de las hipotecas basura en Estados Unidos, los medios de comunicación y los analistas económicos han adoptado el lenguaje de la medicina y han hecho gala de una amplia gama de terminología médica para describir la situación provocada por la crisis económica. Se ha hablado de síntomas, de diagnóstico, de infecciones, de riesgo de contagio, de metástasis, de cáncer, de tratamientos de choque, de intervenciones quirúrgicas, de pronósticos desfavorables, de convalecencia, de enfermedad terminal.

 

Nadie ha podido resistirse a la comparación. Desde la política, la economía y el periodismo, se han sucedido los ejemplos de uso metafórico del lenguaje médico.

 

· “La crisis económica es como un enfermo de cáncer que no responde  a la quimioterapia.” (Intereconomía TV)

 

· “La verdad es que llevamos unas semanas que nos acercamos al quiosco como el que visita al oncólogo, pensando que la situación no tiene remedio.”  (La Vanguardia, 8 de octubre)

 

· “La actual crisis financiera es una “enfermedad vergonzosa” (Richard Fisher, Presidente de la Fed de Dallas, el 25 de septiembre)

 

· “La crisis financiera global actual es una de las consecuencias del capitalismo, cuyas fases funcionan como un cáncer que carcome la sociedad y hace imposible que la vida tenga camino y oportunidades”. (Hugo Chávez, presidente de Venezuela, 2 de octubre)

 

· “La doble crisis económica y política ha hecho de Italia el enfermo de Europa”. (El Periódico de Catalunya, 6 de agosto)

 

· “La crisis necesita un tratamiento de choque, porque no es sólo una crisis financiera, sino de todo el sistema democrático. No hay metástasis pero puede haberla si no se produce ese tratamiento de choque, y hay que decir que ya hay órganos sensibles del cuerpo democrático muy dañados”. (La Gaceta de los Negocios, 30 de septiembre)

 

· “El magnate T. Boone Pickens cuenta con varios fondos de inversión sectoriales de energía renovable que le están jugando una mala pasada debido a la metástasis de la crisis financiera en otros sectores industriales”. (El Mundo, 28 de septiembre)

 

· “El sistema financiero de EE UU está enfermo de endeudamiento crediticio”. (El País, 29 de septiembre)

 

 

Nada que objetar, si se tratara de una comparación más equilibrada. Pero al describir la crisis económica como una “enfermedad vergonzosa” (¿por qué una enfermedad habría de ser “vergonzosa”?) o como un “cáncer que carcome la sociedad”, se ofrece una visión negativa de la enfermedad y por extensión de las personas enfermas. Al utilizar siempre metáforas negativas, se representa a las personas que tienen una enfermedad como una anomalía del sistema, un hecho pernicioso e incluso declaradamente vergonzoso.

 

 

Este tipo de representaciones negativas contribuyen a perpetuar reacciones de rechazo o negación ante la enfermedad y generan desesperanza e impotencia. No se trata de corrección política o de no poder llamar a las cosas por su nombre. Todo lo contrario. Se trata de ser un poco más exigentes con los mensajes que damos y recibimos y de ir un poco más allá, de aproximarse  a los fenómenos de salud y enfermedad desde un punto de vista más complejo.

 

En la economía, hay ciclos de bonanza y ciclos de crisis. En la vida de las personas, hay períodos de salud y periodos de enfermedad. Con un poco más de esfuerzo, seguro que es posible apostar por imágenes, analogías y discursos que ayuden a comprender esos procesos y que no produzcan confusión, sensacionalismo o directamente desinformación.

 





Comunicar sin estereotipos

17 08 2008

 

 

Un estudio dado a conocer por la agencia Zenithmedia concluye que Sony, Adidas y BMW son las marcas comerciales más mencionadas por los consumidores españoles (hombres), mientras que Mercadona, Carrefour y Danone son las marcas más citadas por las consumidoras (mujeres). Es decir, ellos centran su atención en coches, tecnología y deporte y ellas se ocupan de la alimentación y del cuidado del hogar. ¿Así de simple?

 

A primera vista, el resultado de este estudio reflejaría una realidad social. Y es que en los hogares españoles aún existe una distribución muy desigual en el reparto de las tareas. Según datos del Instituto de la Mujer, las mujeres se ocupan en un 71% de las tareas de mantenimiento del hogar frente al 28% de los hombres y el 48% de mujeres realiza las compras para la casa frente a un 28% de los varones.

 

Por otra parte, muchos anuncios publicitarios siguen dirigiéndose explícitamente a hombres o a mujeres sin que la naturaleza del producto así lo justifique. Por ejemplo, la publicidad de electrodomésticos vinculados al ocio como televisores y videocámaras se dirige sobre todo a hombres y el mensaje suele incidir en las prestaciones técnicas del producto. En cambio, la mayoría de los anuncios de electrodomésticos vinculados a las tareas del hogar o de productos de alimentación y de limpieza van dirigidos a mujeres, son protagonizados por mujeres y el mensaje se centra en el fácil manejo o en sus atributos estéticos o de diseño.

 

Así las cosas no sería de extrañar que, preguntadas acerca de cuál es la marca comercial que más conocen, muchas mujeres citaran marcas relacionadas con la alimentación y el abastecimiento doméstico. De confirmarse, sería un dato revelador, en tanto que pondría de manifiesto que todavía las mujeres son quienes mayoritariamente realizan los trabajos domésticos y por lo tanto no disponen de la misma cantidad de tiempo para el ocio, el deporte o la tecnología.

 

Sin embargo, esta constatación es un arma de doble filo, pues al recurrir a estereotipos sexistas en decadencia para presentar una realidad desigual sin cuestionarla ni denunciarla, finalmente se corre el riesgo de reforzar esos tópicos, pues se transmite el mensaje de que “lo normal” o peor aun “lo natural” en hombres es lo relacionado con el ocio, la tecnología y los deportes y “lo normal” o “lo natural” en las mujeres es el cuidado del hogar y la familia.

 

En este sentido, al analizar la cobertura informativa que tuvo este estudio en los medios, vemos como ABC, Expansión y 20 Minutos, transmitieron en mayor o menor grado los estereotipos de género de forma totalmente acrítica, en especial ABC, al afirmar que los hombres citan marcas relacionadas con el ocio, la tecnología y los deportes “de manera espontánea”, léase, “natural”:

 

● ABC: “Los hombres citan de manera espontánea las marcas relacionadas con el ocio, la tecnología y los deportes, tales como Sony, Adidas y BMW, mientras que las mujeres hablan de alimentación y comercio, en especial de Mercadona, Danone y Carrefour”.

 

● Expansión: “La marca de supermercados es la más comentada entre las mujeres, junto con Danone y Carrefour; frente a Sony y Adidas, que destacan entre los hombres”.

 

● 20 Minutos: Los hombres citan a Sony, Adidas y BMW mientras que las mujeres hablan de Mercadona, Danone y Carrefour.

 

Tan sólo El País introdujo una leve sombra de duda y se cuestionó el resultado de la encuesta.

 

● El País: “El estudio de Zenithmedia abona algunos lugares comunes al distinguir las respuestas entre hombres y mujeres: mientras ellos hablan de marcas asociadas al deporte y la tecnología (Sony, Adidas, BMW), ellas se decantan por el consumo y la alimentación (Mercadona, Danone, Carrefour)”.

 

A la hora de trasladar a la sociedad conclusiones cuando menos cuestionables o controvertidas, quizá cabría esperar por parte de los medios de comunicación un poco más de contextualización y análisis,  e incluso, una apuesta decidida por una información independiente que elimine los estereotipos sexistas sobre las funciones que mujeres y hombres desempeñan dentro y fuera del hogar.

 

En realidad, los estereotipos nos afectan negativamente a todas y a todos, pues se constituyen en patrones, modelos o paradigmas que dificultan el desarrollo y la expresión de cualidades y capacidades de las personas, sin distinción de sexos.





Hacia la corresponsabilidad en los cuidados a familiares dependientes

27 07 2008

Según la última Encuesta de Población Activa difundida por el Instituto Nacional de Estadística, un total de 384.100 personas trabajaron a tiempo parcial en 2007 para poder cuidar a personas dependientes. De ellas, el 98% fueron mujeres.

Esta cifra evidencia un desequilibrio estructural de género en el sistema de atención a familiares dependientes en España, que acarrea serias repercusiones a nivel económico, laboral, social y de salud para las mujeres cuidadoras.

Al deterioro físico, psíquico y emocional producido por la sobrecarga que suele suponer el cuidado de familiares enfermos, hay que sumar la exclusión del mercado laboral, la precariedad económica presente y futura al verse afectados sus ingresos y sus pensiones y la pérdida de relaciones sociales y de oportunidades de desarrollo personal y profesional.

No es justo que socialmente se siga exigiendo en exclusiva a las mujeres la obligación de asumir la responsabilidad principal de los cuidados. Necesitamos equilibrar las contribuciones de hombres y mujeres en el ámbito familiar. Nos urge encontrar nuevas formulas mas respetuosas con el derecho a la igualdad de oportunidades, nuevos modelos basados en la corresponsabilidad y la solidaridad, no solo entre hombres y mujeres, sino tambien entre otros agentes sociales como son las empresas y el estado.

Para alcanzar cotas mas altas de bienestar para personas y familias y para hacer efectivo el derecho a la igualdad de oportunidades, necesitamos unas políticas públicas que promuevan, como dice Naciones Unidas[1], “un cambio de mentalidad para redistribuir socialmente el costo de la carga de las tareas de cuidado equitativamente entre hombres y mujeres, entre Estado, familia, comunidad y empresas”.

 
 

 


[1] Informe sobre Desarrollo Humano 1999. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Página 83. Disponible en: http://pnud.sc17.info/files/InfoMundiales/IDH%201999.pdf

 

 

 





La belleza como instrumento de control

10 07 2008

Con una virulencia inédita hasta nuestros días, con unas estrategias cada vez más agresivas, los medios de comunicación y en especial la industria publicitaria insisten en difundir un modelo de belleza que presenta el cuerpo de las mujeres como un espacio de imperfecciones que hay que corregir.

 

Se nos imponen dietas, alimentos light, largas sesiones de gimnasio, spas, productos de belleza e incluso cirugía invasiva. ¿Por qué nos sometemos a estas prácticas? ¿Quién marca estas pautas? ¿Quién opina y quién decide sobre nuestros cuerpos? ¿Quién pone tan ingente empeño en generar insatisfacción para después ofrecer soluciones? 

 

La cultura imperante es cada vez más violenta con las mujeres, violencia no sólo física sino también simbólica. Física, porque se presenta una imagen distorsionada del cuerpo y se incentiva a invertir tiempo, dinero y energía en tratar de conseguir a cualquier precio cánones de belleza irreales e inalcanzables. Simbólica, porque se presenta la belleza no sólo como una cuestión de apariencia sino también de comportamiento, es decir, para conseguir éxito social hay que adaptarse y ceñirse a los roles establecidos.

 

El actual estilo de vida occidental permite a las mujeres el acceso a la vida pública, al mundo laboral y a la educación. Pero establece otros métodos de control. Imponiendo masivamente la ideología de la belleza, la sociedad enseña a las mujeres a medir su éxito personal, profesional y social en términos de apariencia física y de adecuación a los roles.  

 

Las presiones sobre las mujeres son hoy en día si cabe más fuertes que nunca, más sutiles, pero tan dañinas e intelectual y políticamente tan desmovilizadoras para las generaciones actuales de mujeres como fueron en su día la religión y el patriarcado.

 

 

 

Las poderosas industrias de la moda y la cosmética difunden unos cánones ficticios e imposibles y explotan la imagen de las mujeres en beneficio propio. Necesitan de la insatisfacción de las mujeres con sus cuerpos para seguir obteniendo beneficios. La insatisfacción corporal, masivamente inoculada como un virus en las mujeres de las sociedades occidentales, se ha convertido en el gran negocio del siglo XXI y en un rentable y eficaz instrumento de control.

 

Si la publicidad y los medios de comunicación tradicionales no son capaces de presentar imágenes y mensajes respetuosos con los cuerpos de las mujeres, salvo quizá en muy contadas ocasiones, los nuevos medios (webs, blogs, foros), más participativos, ofrecen la oportunidad de escuchar otras voces. Usemos, pues, las herramientas de que disponemos para hacer frente a las imposiciones de las grandes corporaciones que nos dicen qué aspecto debemos tener y cómo nos debemos comportar. Reivindiquemos, decidamos, difundamos imágenes y mensajes alternativos, más acordes con nuestra realidad, para poder vivir como quienes en verdad somos.

 

Permanezcamos alerta a las agresiones, porque en definitiva lo que está en juego es nuestra salud física y mental.

_________________ 

Para profundizar:

 

 

Wolf, Naomi. The Beauty Myth. How Images of Beauty Are Used Against Women. New York, William Morrow and Company, 1991.

 





Aborto, divorcio e inmigración: ¿por qué en negativo?

30 06 2008

El pasado 29 de junio,  La Gaceta de los Negocios publicaba un artículo de Jorge Bustos, bajo el título España, número uno en récords negativos, en el que el autor enumeraba una lista de supuestos “ámbitos negativos” en los que, al parecer, España ocupa el primer lugar.

 

El autor calificaba de “records negativos” fenómenos tan dispares como el incremento en el número de divorcios, las cifras sobre interrupción voluntaria del embarazo o los últimos datos sobre inmigración, sin ofrecer ningún tipo de razonamiento acerca de por qué habrían de considerarse esos acontecimientos como “ámbitos negativos”.

 

Según se desprende del texto, y a pesar de ser un derecho legalmente reconocido por la legislación española, el autor parece considerar el hecho de que las mujeres puedan decidir libremente acerca de su maternidad, como un acto “punible” y menciona peyorativamente a España como “la abanderada de la baja natalidad y del aborto más o menos impune”.

Tras incluir el consumo de psicofármacos legales en su dudosa lista de “records negativos” encabezados por España, a continuación le toca a la inmigración: “España es el país que más ha crecido por causa de la inmigración, pasando ésta de suponer 500.000 personas en 1996, a 5,22 millones en 2007”. Se vislumbra aquí una concepción de la inmigración como una lacra y, al incluirla en su recopilación de supuestos “ámbitos negativos” en los que destaca España, se ofrece una imagen negativa de las personas inmigradas, haciendo ostentación de una lamentable falta de responsabilidad y de respeto.

De nuevo comprobamos lo fácil que resulta sucumbir ante tópicos y prejuicios y cómo se opta por culpabilizar y demonizar a ciertas personas y colectivos, a los que se acusa de ser los causantes de todos los “males” que afectan al país, en un desagradable discurso de marcado carácter moralizante, misógino y xenófobo.





El deporte femenino: los medios informan poco y mal

13 06 2008

 

El reciente triunfo de la tenista Ana Ivanovic en la final femenina del torneo de tenis de Roland Garros 2008 ha puesto otra vez de manifiesto el tratamiento sexista que las mujeres deportistas continúan recibiendo en algunos medios de comunicación.

 

El deporte femenino suele tener una presencia mediática sensiblemente inferior al deporte masculino y además, cuando se habla de mujeres deportistas, se hace presentándolas como símbolos eróticos u objetos sexuales y poniendo énfasis en elementos extradeportivos como su aspecto físico, su vestimenta o su personalidad.

 

Un ejemplo de la utilización erótica del cuerpo de la mujer en la información deportiva lo encontramos en un artículo titulado “El tenis bello”, publicado en el diario El Norte de Castilla el 8 de junio de 2008, en el que autor afirma que ver jugar y ganar a la tenista Ana Ivanovic es un placer “ [...] porque esta chica es un bellezón como la catedral de Toledo a lo ancho. Y, entre la pléyade de rusas rubias y gritonas, va esta morenaza de encantadora sonrisa y se cuela en el altar de ese olimpo de diosas atléticas y millonarias”.

 

Por su parte, el diario Marca, en una noticia publicada el mismo día, manifestaba que “Ana Ivanovic ha robado el corazón de la afición parisina con su sonrisa, su esbelta figura y sus ganas de comerse el mundo”. Además, en un perfil sobre la tenista, publicado en el mismo diario antes de la semifinal femenina del torneo francés, el autor recurría al estereotipo facilón al asegurar que “Ivanovic es una chica sencilla. Como a todas las féminas, le gusta ir de compras, uno de sus vicios confesables”. Y en una entrevista publicada el 10 de junio, el diario se refería a Ivanovic como “la belleza balcánica”.

 

Finalmente, el diario ABC anunciaba: “La serbia, la sonrisa más bonita del circuito y la segunda tenista más bella del mismo (por detrás, por supuesto, de Elena Dementieva), ganó por su mayor consistencia, porque manejó mejor los momentos decisivos del encuentro [...]”. En este caso, se afirmaba que la jugadora venció porque “manejó mejor los momentos decisivos del encuentro”, pero justo después de proclamar que Ivanovic es la “la sonrisa más bonita del circuito y la segunda tenista más bella del mismo”.

 

Los medios de comunicación deberían demostrar una mayor seriedad en el tratamiento informativo del deporte femenino, así como esforzarse por conseguir una mayor equidad en los espacios informativos y de opinión dedicados a informar sobre mujeres deportistas. Ése es el reto para los y las profesionales de los medios: hablar más del deporte femenino y, sobre todo, hacerlo bien.





¿Habitaciones de hotel para mujeres?

3 06 2008

Recientemente una cadena hotelera ha anunciado un nuevo servicio dirigido especialmente a sus clientas. Se trata de las “pink room, habitaciones femeninas creadas para la mujer que viaja”, según informa la cadena hotelera en su página web. Pero, atención, ¿qué tiene de especial una “pink room”? Pues, entre otros detalles, que la habitación incluye un espejo de cuerpo entero, una revista femenina, barritas de cereales en el minibar, zapatillas ‘pink’ talla M y una báscula. Revelador.

Se trata de una iniciativa que pone en evidencia las ataduras que nuestra sociedad nos impone como mujeres, obligándonos a ceñirnos a formas muy concretas de feminidad, basadas exclusivamente en el culto a la belleza, la juventud y la delgadez. Gracias, Hesperia, por pensar en nosotras. Seguro que leyendo una revista “femenina” (?) y con una báscula en la habitación nos será mucho más fácil el camino hacia una feminidad más libre y menos excluyente.

 

 

 

Ver nota de prensa de Hesperia aquí.

 





Adiós a la “larga y penosa enfermedad”: hablemos de cáncer

27 05 2008

 

 

Los principales diarios de información general se hicieron eco el pasado 27 de mayo de la noticia de la muerte del director de cine, actor y productor estadounidense Sydney Pollack e informaron abiertamente de la causa de su fallecimiento: cáncer.

 

Así, el diario ABC afirmaba: “Un cáncer le ha arrebatado la vida al director de cine Sydney Pollack”. El País anunciaba en la entradilla que “el cineasta ha muerto en su domicilio de Pacific Palisades a causa de un cáncer”. El Periódico y Público optaron por una nota de la agencia Efe con el texto: “El director de cine Sydney Pollack ha fallecido hoy a los 73 años, víctima de un cáncer, en su casa de Los Ángeles”. La Razón, también con el texto de la agencia Efe, tituló: “Fallece Sydney Pollack víctima de un cáncer”. El Mundo, en una información de Efe y Reuters, anunció que “Sydney Pollack ha fallecido a los 73 años en su casa de Los Ángeles, víctima de un cáncer que se le había diagnosticado hace 10 meses”. Y finalmente La Vanguardia en un subtítulo decía: “El autor de ‘Memorias de África’, ‘Tootsie’ y ‘Danzad , danzad, malditos’ muere a los 72 años víctima de un cáncer en su casa de Los Ángeles”.

 

Resulta alentador comprobar cómo la mayoría de los medios han conseguido, en esta ocasión, evitar la tan extendida tendencia al uso de clichés, o directamente de eufemismos, para referirse al cáncer e incluso a la muerte por cáncer. Se acabó de una vez por todas el empleo de la tan desafortunada frase “falleció de una larga y penosa enfermedad”.

 

Como muy bien ha explicado en muchas ocasiones Albert Jovell, Presidente del Foro Español de Pacientes, “los usos de la palabra cáncer son muy curiosos. Cuesta de usar cuando se tiene que utilizar y no hay ningún problema para nombrarla en situaciones donde puede ser inadecuada o reemplazada con mayor acierto semántico por otras”. 

 

En este sentido, todavía hoy vemos con demasiada frecuencia cómo los medios de comunicación se refieren a fenómenos como el terrorismo, la inseguridad ciudadana, la violencia machista, el tráfico de drogas, la siniestralidad laboral, el paro, etc. como un “cáncer social”, expresión que contribuye a difundir una imagen peyorativa de los enfermos de cáncer.

El desconocimiento del fenómeno del cáncer crea confusión, rechazo e incluso discriminación. Y es muy probable que la idea del cáncer que pueda tener una persona que no lo ha vivido directamente ni en su entorno más cercano esté formada casi exclusivamente por los mensajes que recibe de los medios de comunicación. De ahí, por un lado, la importancia de una información periodística especializada de calidad respecto al cáncer y, por otro, la necesidad de un ejercicio de responsabilidad de la profesión periodística en general a la hora de utilizar un lenguaje que no hiera la sensibilidad de los afectados y que contribuya a desterrar tópicos o ideas erróneas sobre la enfermedad.

Evitemos las frases hechas, huyamos de los eufemismos, llamemos a las cosas por su nombre, seamos críticos ante expresiones que puedan resultar ofensivas y a la hora de informar hagámoslo con responsabilidad y rigor.





La abogada y el enfermero

23 05 2008

 

El pasado 8 de mayo, apareció en Cinco Días un artículo titulado “El Tribunal de la UE avala en un dictamen el régimen fiscal vasco”. El texto mencionaba a la abogada general del Tribunal de la Unión Europea, Juliane Kokott, refiriéndose a ella como “la abogado”.

Si bien en un primer momento, el autor se refería a Juliane Kokott como “La Abogada general del Tribunal de Justicia de la UE”, a continuación pasaba a citarla como “Juliane Kokott, la Abogado encargada por el Tribunal de elaborar la ponencia” o simplemente como “la Abogado”. Finalmente, en el penúltimo párrafo, volvía a haber una mención en femenino a “la Abogada general”.

 

Parece que existe una confusión o falta de coherencia en el uso del lenguaje en este texto. Igual que no diríamos de un hombre que se dedica a la enfermería “el enfermera”, sino que utilizamos el masculino tanto para el artículo como para el sustantivo, no tenemos por qué referirnos a una mujer abogada como “la abogado”, puesto que incluso la Real Academia de la Lengua reconoce la forma femenina “abogada” desde 1970. 

 

Curiosamente, el uso del femenino no plantea ningún problema cuando se trata de nombres de profesiones consideradas propias del papel atribuido tradicionalmente a las mujeres en la sociedad, como “enfermera”, “maestra”, “asistenta”, etc.

 

Sin embargo, cuando se trata de profesiones tradicionalmente consideradas “masculinas” o bien que indican un cierto estatus de prestigio, sigue habiendo resistencia a aceptar la correspondiente forma femenina: “abogada”, “jueza”, “médica”, “ingeniera”, “arquitecta”, etc.

 

Queda patente de esta manera cómo el lenguaje refleja los prejuicios sexistas acumulados durante generaciones.

 

 Viñeta

 

Pero afortunadamente el lenguaje puede cambiar gracias a la acción educativa y cultural, e influir positivamente en el comportamiento humano y en nuestra percepción de la realidad. Los cambios sociales hacen que la lengua cambie y a su vez el uso que hacemos de la lengua influye en nuestro pensamiento y en nuestra visión del mundo. Por eso es importante hacer un uso no sexista del lenguaje. Es posible y necesario usar fórmulas que huyan de términos ambiguos e invisibilizadores, en definitiva, fórmulas que reflejen explícitamente la realidad social tanto de hombres como de mujeres.





No al paternalismo en las campañas contra el cáncer de mama

18 05 2008

 

La Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), en su última campaña contra el cáncer de mama, lanzada en octubre de 2007, utiliza el siguiente mensaje, en el que un padre, un marido y un hijo le dicen a una mujer: “¿No dices que por mí harías cualquier cosa? Hazte una mamografía”.

 

Aunque se presupone buena voluntad en el objetivo final, es decir, sensibilizar a las mujeres para que se hagan mamografías para avanzar en la detección precoz del cáncer de mama, el mensaje al que recurre la AECC resulta absolutamente trasnochado e inadecuado. Según la AECC, la campaña va dirigida fundamentalmente al entorno masculino de la mujer para que tome conciencia y se implique en el cuidado de la salud de las mujeres que quiere y las anime a hacerse esta prueba.

 

Sin embargo, bajo ese planteamiento aparentemente inocuo, subyace una actitud paternalista que conlleva una concepción de las mujeres como eternas menores de edad mental, incapaces de tomar sus propias decisiones, ni siquiera las que afectan a su propia salud, y siempre necesitadas de consejos y orientación por los hombres de la familia.

 

Esta campaña alienta y perpetúa la sumisión, dependencia, entrega, abnegación. Contribuye a presentar la subordinación de la mujer a una figura masculina (padre, marido, hijo, nieto, hermano) como algo “normal” y abunda en el imperativo de que las mujeres debemos cuidarnos porque somos madres, esposas, hijas, hermanas, nietas, no por nosotras mismas, porque somos personas. En este sentido, ofrece una imagen de la mujer que en nada ayuda a la superación de desigualdades históricas.

 

Además, si una mujer sana es incapaz de tomar sus propias decisiones y de cuidar de sí misma, ¿qué debe entonces esperarse de una mujer enferma? Flaco favor le hace esta campaña a las mujeres con cáncer de mama.

 

Y finalmente el recurso a la pregunta “¿No dices que por mí harías cualquier cosa?” en boca de las figuras del hijo, el marido o el padre implica en sí la afirmación de que una mujer debe hacer cualquier cosa por los hombres de su vida.

 

Mensajes de este tipo contribuyen a mantener modelos obsoletos que incluso pueden acabar causando lo que pretendían evitar: discriminación. Se trata de una grave falta de coherencia, rigor y seriedad por parte de una entidad que debería ser capaz de mostrar más sensibilidad y respeto hacia las mujeres en general y hacia las mujeres con cáncer de mama en particular.

 

Como afirma Ángeles Cabria (1), “queda mucho por hacer para seguir incrementando la detección precoz del cáncer de mama en las mujeres, pero el trabajo debe de continuarse a través de la excelencia en la información y en la accesibilidad al tratamiento, y no en base a mensajes con chantajes emocionales que ya no tienen lugar en una sociedad equitativa”.

 

 


(1) CABRIA, ÁNGELES. Te doy mis pechos. Diario Montañés, 3 de noviembre de 2007.