La abogada y el enfermero

23 05 2008

 

El pasado 8 de mayo, apareció en Cinco Días un artículo titulado “El Tribunal de la UE avala en un dictamen el régimen fiscal vasco”. El texto mencionaba a la abogada general del Tribunal de la Unión Europea, Juliane Kokott, refiriéndose a ella como “la abogado”.

Si bien en un primer momento, el autor se refería a Juliane Kokott como “La Abogada general del Tribunal de Justicia de la UE”, a continuación pasaba a citarla como “Juliane Kokott, la Abogado encargada por el Tribunal de elaborar la ponencia” o simplemente como “la Abogado”. Finalmente, en el penúltimo párrafo, volvía a haber una mención en femenino a “la Abogada general”.

 

Parece que existe una confusión o falta de coherencia en el uso del lenguaje en este texto. Igual que no diríamos de un hombre que se dedica a la enfermería “el enfermera”, sino que utilizamos el masculino tanto para el artículo como para el sustantivo, no tenemos por qué referirnos a una mujer abogada como “la abogado”, puesto que incluso la Real Academia de la Lengua reconoce la forma femenina “abogada” desde 1970. 

 

Curiosamente, el uso del femenino no plantea ningún problema cuando se trata de nombres de profesiones consideradas propias del papel atribuido tradicionalmente a las mujeres en la sociedad, como “enfermera”, “maestra”, “asistenta”, etc.

 

Sin embargo, cuando se trata de profesiones tradicionalmente consideradas “masculinas” o bien que indican un cierto estatus de prestigio, sigue habiendo resistencia a aceptar la correspondiente forma femenina: “abogada”, “jueza”, “médica”, “ingeniera”, “arquitecta”, etc.

 

Queda patente de esta manera cómo el lenguaje refleja los prejuicios sexistas acumulados durante generaciones.

 

 Viñeta

 

Pero afortunadamente el lenguaje puede cambiar gracias a la acción educativa y cultural, e influir positivamente en el comportamiento humano y en nuestra percepción de la realidad. Los cambios sociales hacen que la lengua cambie y a su vez el uso que hacemos de la lengua influye en nuestro pensamiento y en nuestra visión del mundo. Por eso es importante hacer un uso no sexista del lenguaje. Es posible y necesario usar fórmulas que huyan de términos ambiguos e invisibilizadores, en definitiva, fórmulas que reflejen explícitamente la realidad social tanto de hombres como de mujeres.

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