Hacia la corresponsabilidad en los cuidados a familiares dependientes

27 07 2008

Según la última Encuesta de Población Activa difundida por el Instituto Nacional de Estadística, un total de 384.100 personas trabajaron a tiempo parcial en 2007 para poder cuidar a personas dependientes. De ellas, el 98% fueron mujeres.

Esta cifra evidencia un desequilibrio estructural de género en el sistema de atención a familiares dependientes en España, que acarrea serias repercusiones a nivel económico, laboral, social y de salud para las mujeres cuidadoras.

Al deterioro físico, psíquico y emocional producido por la sobrecarga que suele suponer el cuidado de familiares enfermos, hay que sumar la exclusión del mercado laboral, la precariedad económica presente y futura al verse afectados sus ingresos y sus pensiones y la pérdida de relaciones sociales y de oportunidades de desarrollo personal y profesional.

No es justo que socialmente se siga exigiendo en exclusiva a las mujeres la obligación de asumir la responsabilidad principal de los cuidados. Necesitamos equilibrar las contribuciones de hombres y mujeres en el ámbito familiar. Nos urge encontrar nuevas formulas mas respetuosas con el derecho a la igualdad de oportunidades, nuevos modelos basados en la corresponsabilidad y la solidaridad, no solo entre hombres y mujeres, sino tambien entre otros agentes sociales como son las empresas y el estado.

Para alcanzar cotas mas altas de bienestar para personas y familias y para hacer efectivo el derecho a la igualdad de oportunidades, necesitamos unas políticas públicas que promuevan, como dice Naciones Unidas[1], “un cambio de mentalidad para redistribuir socialmente el costo de la carga de las tareas de cuidado equitativamente entre hombres y mujeres, entre Estado, familia, comunidad y empresas”.

 
 

 


[1] Informe sobre Desarrollo Humano 1999. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Página 83. Disponible en: http://pnud.sc17.info/files/InfoMundiales/IDH%201999.pdf

 

 

 





La belleza como instrumento de control

10 07 2008

Con una virulencia inédita hasta nuestros días, con unas estrategias cada vez más agresivas, los medios de comunicación y en especial la industria publicitaria insisten en difundir un modelo de belleza que presenta el cuerpo de las mujeres como un espacio de imperfecciones que hay que corregir.

 

Se nos imponen dietas, alimentos light, largas sesiones de gimnasio, spas, productos de belleza e incluso cirugía invasiva. ¿Por qué nos sometemos a estas prácticas? ¿Quién marca estas pautas? ¿Quién opina y quién decide sobre nuestros cuerpos? ¿Quién pone tan ingente empeño en generar insatisfacción para después ofrecer soluciones? 

 

La cultura imperante es cada vez más violenta con las mujeres, violencia no sólo física sino también simbólica. Física, porque se presenta una imagen distorsionada del cuerpo y se incentiva a invertir tiempo, dinero y energía en tratar de conseguir a cualquier precio cánones de belleza irreales e inalcanzables. Simbólica, porque se presenta la belleza no sólo como una cuestión de apariencia sino también de comportamiento, es decir, para conseguir éxito social hay que adaptarse y ceñirse a los roles establecidos.

 

El actual estilo de vida occidental permite a las mujeres el acceso a la vida pública, al mundo laboral y a la educación. Pero establece otros métodos de control. Imponiendo masivamente la ideología de la belleza, la sociedad enseña a las mujeres a medir su éxito personal, profesional y social en términos de apariencia física y de adecuación a los roles.  

 

Las presiones sobre las mujeres son hoy en día si cabe más fuertes que nunca, más sutiles, pero tan dañinas e intelectual y políticamente tan desmovilizadoras para las generaciones actuales de mujeres como fueron en su día la religión y el patriarcado.

 

 

 

Las poderosas industrias de la moda y la cosmética difunden unos cánones ficticios e imposibles y explotan la imagen de las mujeres en beneficio propio. Necesitan de la insatisfacción de las mujeres con sus cuerpos para seguir obteniendo beneficios. La insatisfacción corporal, masivamente inoculada como un virus en las mujeres de las sociedades occidentales, se ha convertido en el gran negocio del siglo XXI y en un rentable y eficaz instrumento de control.

 

Si la publicidad y los medios de comunicación tradicionales no son capaces de presentar imágenes y mensajes respetuosos con los cuerpos de las mujeres, salvo quizá en muy contadas ocasiones, los nuevos medios (webs, blogs, foros), más participativos, ofrecen la oportunidad de escuchar otras voces. Usemos, pues, las herramientas de que disponemos para hacer frente a las imposiciones de las grandes corporaciones que nos dicen qué aspecto debemos tener y cómo nos debemos comportar. Reivindiquemos, decidamos, difundamos imágenes y mensajes alternativos, más acordes con nuestra realidad, para poder vivir como quienes en verdad somos.

 

Permanezcamos alerta a las agresiones, porque en definitiva lo que está en juego es nuestra salud física y mental.

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Para profundizar:

 

 

Wolf, Naomi. The Beauty Myth. How Images of Beauty Are Used Against Women. New York, William Morrow and Company, 1991.