Los transgénicos siembran dudas

23 04 2009

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La reciente decisión de Alemania de prohibir el cultivo de maíz transgénico ante el temor a los posibles riesgos para el medio ambiente ha recibido una amplia cobertura por parte de los medios de comunicación españoles.

Además de Alemania, otros 7 países europeos (Francia, Austria, Hungría, Grecia, Luxemburgo, Suiza y Polonia) ya han prohibido la siembra del maíz genéticamente modificado y España ahora es el único país de la UE que sigue cultivando este tipo de maíz. Según datos de Greenpeace, en 2008, se cultivaron en España 80.000 hectáreas de maíz transgénico, lo que sitúa a nuestro país como el mayor productor de organismos genéticamente modificados (OGM) de la Unión Europea, al concentrar el 75% de toda la producción del continente.

Dos informes sobre daños a dos especies de insectos (pulga de agua Daphnia Magna y a la mariquita Adalia Bipunctata) publicados recientemente en la revista Archives of Environmental Contamination and Toxicology han servido como base a Alemania para vetar formalmente en su territorio el cultivo de transgénicos. Además, un reciente estudio en Estados Unidos alerta del fracaso en las pretensiones sobre el aumento de la productividad, argumento sobre el que en parte se ha basado la defensa de los transgénicos, como una solución para contribuir a la lucha contra el hambre en los países subdesarrollados.

Desde el sector agrícola existen diferentes opiniones, desde los colectivos de agricultores que esperan conseguir mayor productividad y rentabilidad gracias a los cultivos transgénicos hasta los productores ecológicos que se quejan de la dispersión del polen del maíz transgénico a sus cultivos.

Mientras tanto, asociaciones de consumidores se manifiestan en contra del cultivo y la comercialización de productos transgénicos en España ante la incertidumbre existente en relación a sus efectos sobre la salud de las personas y sus consecuencias en el medio ambiente.

 

En estas circunstancias, la ya de por sí difícil tarea de informar de manera equilibrada se convierte en más difícil todavía. En general, tras analizar con mayor o menor detalle las razones aportadas por la ministra alemana de Asuntos Agropecuarios y de Defensa del Consumidor, Ilse Aigner, para vetar en su país el cultivo de transgénicos, los principales diarios españoles también han reflejado el debate público sobre las implicaciones ecológicas de la liberación de organismos modificados genéticamente en el medio ambiente, así como las potenciales consecuencias para la salud humana de incorporar los productos transgénicos en la cadena alimentaria.

El enfoque más sensacionalista, sin embargo, lo ha protagonizado la Agencia Efe al lanzar el titular “Ministra alemana se ampara en una mariquita para prohibición de transgénicos”.

La implantación de cultivos transgénicos es un debate lleno de controversias y un tema espinoso que supone un desafío para los profesionales de los medios, debido a los diferentes y complicados planos en los que tiene lugar el debate. Por un lado, el debate científico acerca del impacto en la salud y en el medioambiente. Por otro lado, los monumentales intereses económicos en disputa y las posiciones enfrentadas de los diferentes actores implicados: agricultores, asociaciones de consumidores, multinacionales productoras de las semillas, empresas de alimentación, administraciones y grupos de presión ecologistas.